¿Es legítimo que el Gobierno tome prestada plata de las pensiones?

¿Es legítimo que el Gobierno tome prestada plata de las pensiones?

Juan Camilo Restrepo, exministro de Hacienda, dice que deben ir construyendo la reforma pensional.

Juan Camilo Restrepo

Juan Camilo Restrepo, exministro de Hacienda y de Agricultura, analiza las opciones del Ejecutivo actual para responder a los desafíos en la economía.

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Rodrigo Sepúlveda. EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
25 de marzo 2020 , 08:22 p.m.

¿Ante la crisis, alcanza el paquete de emergencia social y económica que viene anunciando el Gobierno?

Creo que están bien orientadas. Anticipar una devolución del IVA; aumentar pagos monetarios directos a los más desvalidos a través de plataformas como Familias, Jóvenes en Acción y de adultos mayores; apoyar el sistema de salud, que puede verse colapsado si se aumenta exponencialmente la cantidad de infectados; reconectar a las familias el agua y congelar el incremento de sus tarifas, y apoyar el crédito de mipymes y empresas medianas-pequeñas, cuando lo requieran. Pero hay que ir más lejos.

¿Qué tan más lejos?

Como en el yudo, hay que aprovechar las fuerzas de golpe del enemigo, en este caso el virus, para volverlas energía en la propia respuesta. No podemos limitarnos a medidas parciales, al menudeo, apoyándose en transferencias monetarias que son efímeras, hacia los más vulnerables. ¿Cuánto tiempo va a durar la emergencia? Una cosa es que tengamos petróleo a 30 dólares por tres meses, y otra, por un año. Si dura mucho tiempo, las necesidades fiscales van a ser mucho mayores que las que se han estimado.

¿Hasta dónde llegará la baja en el precio del petróleo? ¿Es absoluta su relación con el alza del dólar y la caída del peso colombiano?

Normalmente sí han estado correlacionados, y al tener una caída fuerte del petróleo, no es sorprendente que las monedas se hayan devaluado con relación al dólar. Yo tengo la impresión de que este dólar caro va a durar también un tiempo largo y tenemos que prepararnos para estar moviéndonos en la plataforma de los 4.000 pesos, y no en los 3.000, a la cual es muy improbable que retornemos.

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¿Cree que hasta donde se ha comprometido, el Gobierno está en capacidad de entregar lo que prometió y que, incluso, podrá asumir futuros riesgos costosos?

Pues sí está en capacidad, pero con un mecanismo de financiamiento extraño. Me explico. Supongamos que el precio del petróleo malo que hoy hay, que no llega a 30 dólares, dura por un año; eso con relación a lo que estaba calculado, que era de 60 dólares por barril, le va a significar menores ingresos fiscales al Gobierno, por cerca de 14 billones de pesos. Se ha anunciado que para tapar el hueco se echará mano de unos ahorros que había, que resultaron en el Fondo de Estabilización Petrolera, y los recursos de las pensiones de los departamentos y municipios.

Eso le quería preguntar. Minhacienda dice: ‘Tenemos 14,8 billones de pesos para la emergencia, que no saldrán de la emisión de deuda –como para tranquilizarnos–, sino de los 12,1 billones que hay en el Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera. Los otros 2,7 billones vendrán de ahorros pensionales guardados en el Fonpet’. Este anuncio alcanzó a crear un tremendo malestar en los gobiernos locales...

Es extraño, realmente, financiar una emergencia como la que estamos enfrentando simplemente desahorrando recursos que debían ahorrarse para épocas de vacas flacas. El ministro Carrasquilla ya dijo que no se iba a endeudar en esta emergencia. ¿Con base en qué lo dice? Corre el riesgo de que los hechos lo desdigan en pocos días, como van las cosas. Y, entonces, se recurre a la ambigüedad de endeudarse con entidades territoriales (desahorrando al descapitalizar los fondos), lo cual le va a causar dolores de cabeza cuando estos decretos los revise la Corte Constitucional.

Es curioso: hasta antes de coronavirus, el Gobierno emitió frenéticamente TES, y ahora que llegó el virus le entró el ‘pudor’ tardío de endeudarse más, lo cual, si las cosas siguen como van, terminará haciendo de todas maneras. El decreto 444 puede denominarse el ‘decreto del pudor tardío’.

¿Pero esta no es una época de vacas flacas, de una gran emergencia social y económica?


Sí, pero los recursos deberían venir de otras partes, no desahorrando platas de pensiones ni de estabilización petrolera. Cuando se devuelva el petróleo, ¿cómo se va a estabilizar, o cómo se van a atender las obligaciones de los departamentos y municipios, cuyas pensiones ya quedaron bastante ‘peluqueadas’ con la última ley de regalías?

Los recursos deberían venir de otras partes, no desahorrando platas de pensiones ni de estabilización petrolera

¿Es decir: el Estado necesariamente va a tener que endeudarse más?

Si hoy estamos endeudados en 50 % del PIB, a mí no me sorprendería, ni me aterraría, que en esta emergencia tuviéramos que subir hasta, diga usted, 70 % del PIB nuestro endeudamiento. El ministro de Hacienda ha dicho que no se va a endeudar más para financiar el costo de las medidas de emergencia, que ascienden a cerca de 14 billones. La fórmula del decreto 444 para levantar esa plata es más heterodoxa que endeudarse 10 o 15 puntos porcentuales del PIB, por encima de la mesa y con gran trasparencia.

¿Cómo hacer para que los mipymes, las pequeñas y medianas empresas, puedan mantener el pago de salarios durante la emergencia?

Con mecanismos de crédito y de apoyos a estas empresas. Y va a haber mucha empresa que ya empezó a licenciar gente. Y que sea con el menor papeleo posible, porque si un crédito de estos, para no licenciar gente, va a tomar cinco o seis meses, ya cuando llegue, va a ser post mortem.

Dólar por el cielo y productos motivo de especulación. ¿Cómo manejar la inflación?

A partir del mes entrante comenzaremos a ver un coletazo de la inflación. Inevitable, porque con el dólar alto, pues, las importaciones serán mucho más caras. De hecho, ya algunas empresas han anunciado que sus insumos importados los van a cobrar más caros, y esos mayores precios pasan a la cadena de distribución y comercialización.

¿Cómo debemos actuar los particulares para protegernos? Lo último que podría pasarnos es un pánico financiero.

Hay una regla de oro en las crisis que es aplicable a los particulares y a las empresas: en una crisis lo que hay que cuidar con mayor atención es la caja. Hay que tener reservas. Todo aquel que pueda tener caja, unos ahorros, cuidarlos mucho y no volar a invertir o a comprar, sino cuidar la caja. Esa es la mayor consigna de prudencia para cuando haya una crisis monumental, como esta que está empezando a vivir Colombia, que desde luego no es aislada, sino mundial.

¿Estamos abocados después de esta crisis a otra reforma tributaria?

No es el momento de una nueva reforma tributaria, a no ser que sea para eliminar exenciones que, con ligereza, se otorgaron en la última reforma tributaria. El Gobierno más bien tiene que rehacer con urgencia la programación fiscal de 2020 y 2021, que ha quedado hecha añicos con el coronavirus. Hacer un marco fiscal de mediano plazo, actualizado, nuevo. No es una reforma tributaria, sino volver a hacer las cuentas. ¿Dónde estamos parados fiscalmente?

Hay dos segmentos de la población que van a resultar especialmente golpeados con esta crisis: el empleo y las pensiones

¿Llegó la hora de acabar con la regla fiscal?

La regla fiscal, a mi entender, está agonizando. Ya no sirve. Estaba montada sobre la base de un déficit fiscal máximo alcanzado, y sobre unas condiciones económicas que han cambiado radicalmente. Es el momento para darle a la regla fiscal una piadosa sepultura. Y, si se mantiene, habrá que pasarla a que mida un nivel de endeudamiento máximo del Estado, en vez de un déficit fiscal máximo, como ha venido funcionando. La crisis es monumental, no solo en Colombia sino en el mundo entero. Por eso, los países de la Unión Europea están abandonando, o, en todo caso, metiendo al congelador, mientras pasa la tormenta, sus reglas fiscales.

¿Estos decretos con fuerza de ley, que dictará el Presidente durante 30 días, prorrogables hasta por 90, no son una oportunidad de oro para cambiar varias cosas?

De esta emergencia deben quedar instituciones nuevas y durables, orientadas a proveer un manto de protección a los más desvalidos socialmente. Este es el punto central. Y hay dos segmentos de la población que van a resultar especialmente golpeados con esta crisis: el empleo y las pensiones de quienes nunca podrán alcanzarlas si no se hace una reforma sustancial.

Como esto nunca volverá a ser igual, hay que pensar en qué vamos a sembrar, para cuando todo esto pase…


Sí. Aquí hay que recordar, por ejemplo, lo que hizo el presidente (Alfonso) López Michelsen, cuando se decretó la emergencia económica por el derrumbe de las carreteras a Villavicencio, al comienzo de su gobierno. Aprovechó esa coyuntura para sacar unas cosas estructurales y grandes, como fue en su momento la adopción de la reforma Musgrave. Ahora, si bien es cierto que las medidas anunciadas están bien orientadas, son más bien de corto plazo y dispersas. Es importante que al país le quede no solo un alivio transitorio a algunos de los damnificados, que van a ser muchos, sino a las cosas más estructurales.

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¿Por ejemplo?


Tendría toda la lógica del mundo que al amparo de esta emergencia se legislara sobre estos dos temas: uno, organizando un seguro de desempleo de mínimos, para los más desvalidos; y segundo, organizando un esquema de pensión universal, con mesadas que habría que calcular y que cubriría a la totalidad de la población colombiana que hoy no tiene ningún tipo de seguridad social pensional. Hay 8 millones de colombianos que actualmente no tienen acceso a ningún esquema pensional, y esa cifra se va a incrementar sensiblemente en esta crisis.

O sea, ¿abocar de una vez a punta de decretos las reformas laboral y pensional?

Claro. La Constitución dice que las medidas que se tomen son aquellas encaminadas a atenuar o a resolver los problemas de la crisis misma. De manera que están dentro de la línea exactamente de lo que ha justificado la declaración de la emergencia. El Gobierno no va a poder, ni va a alcanzar, a sacar la reforma laboral ni la pensional, en las que estaba pensando, por los procedimientos que había señalado.

Por ejemplo, pretender concertarlo en el comité tripartito y luego llevarlas al Congreso. Estas reformas desbordaron la posibilidad práctica del Gobierno para tramitarlas. Pero tiene estudios ya hechos y cálculos actuariales importantes adelantados, que muestran que estas dos reformas son viables técnicamente e impecables en el terreno de la equidad y de la solidaridad. Y concluyo. Está bien que a los ‘abuelitos’ no los dejemos salir de la casa, pero por razones de equidad y de solidaridad sería el momento histórico para organizarles un esquema de pensión universal mínima.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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